martes, agosto 02, 2011

ahh, los males del corazón

Cuando te fuiste, debí  apuntar o colocar una alarma que me recordara bloquearte de todas partes y de mi mente, seleccionar el que no aparecieras en mis sueños ni que causaras mi insomnio dos veces por mes.
El tener memoria fotográfica había sido siempre para mi una ventaja cuando nadie más prestaba atención a los detalles, sin embargo ahora, siento que es un martirio, recuerdo hasta de que lado crecía tu barba, cómo se desordenaban tus cabellos cuando dormías, la expresión de tus ojos cuando jugábamos play y cosas como la forma de dejar tus llaves sobre la mesa de la esquina que termina haciéndome corregir la forma en que yo lo hago, que me acomode el cabello cuando me levanto y que no juegue más con el play, al fin y al cabo, los mejores juegos los tienes tú y qué pesar el tener que pasar por la tienda por otros iguales.
No he querido leer los libros que siguen ordenados en el piso cerca de la ventana, les quito el polvo, los miro, conozco algunas páginas como si las hubiera escrito luego de escucharte leerlas, pero no quiero saber más, es casi lo mismo con aquellos dibujos sin acabar que tengo en algún cajón debajo de los discos, que, bueno, tampoco quiero escuchar, sé que es una decisión un poco radical y que tiene algo de tonta, [cómo se avanza si se tiene pisado el freno, cierto?] pero es que así me he quedado, avanzando de a poquitos para que el mundo no me trague, si sigo a la misma velocidad de antes, termino tirada de la cama a cualquier hora o pensando en ir a caminar el camino de Santiago, que para colmo me queda tan lejos como 20 pares de tennis.
Quiero evitar el contagio de todo esto a los demás de mi círculo, no sea que se vuelva una epidemia y terminemos todos con un lado roto y queriendo repararlo cuanto antes, despertando a todas horas y gastando miles de centavos en llamadas que no sirven de nada, escribiendo diarios que no tienen más que lo mismo una y otra vez pero con distintas fechas, enviciados con algo para evitar recordar y con kilos que sólo nos pesarán a nosotros.
Tranquilos, esto no dura cien años.

No hay comentarios: